Bolivia
Una de las experiencias más fuertes que hemos tenido hasta ahora en Bolivia es ir a visitar las minas de Potosí, en la provincia del mismo nombre. Creo que fue particularmente importante para mí, ya que pude ser testigo de los sacrificios que se requieren para obtener minerales supuestamente valiosos. Esto me hace cuestionar ¿qué es lo que realmente le da el valor a estos metales? ¿Será por una convención que se decidió que estos metales valían mucho o que como brillan se deben utilizar para hacer joyería y dinero? ¿O es que hay cosas que realmente tengan valor intrínseco, fuera de la intervención del raciocinio humano?
Tal vez todos los sacrificios que se realizan para extraer estos metales son los que le deberían dar su verdadera cuantía.
Es emocionante ponerse el traje y las botas de minero, finalmente te estas disfrazando para vivir una nueva aventura. Entras a la excavación y el ambiente es húmedo y polvoso, los túneles son muy bajos, lo que te obliga a agacharte (a costa de la salud de la espalda), además que es muy fácil golpearse la cabeza.
Después de estar un rato bajo tierra, en completa oscuridad, empecé a desesperarme. Este tipo de experiencia me hizo cuestionarme cómo sería una vida ahí metida, trabajando en esas condiciones con falta de aire, de luz, de espacio, durante un promedio de 12 horas. ¿Vale la pena? Todo bajo la incertidumbre de encontrar algo de valor. O no.
Estaba a punto de salir cuando entraron unos niños al yacimiento. Viven a la puerta. Están acostumbrados a esta oscuridad, a la humedad, corren en los pasadizos de piedra, ya conocen los huecos en los que pueden caerse. Estos laberintos son su patio de recreo, sin importar los riesgos, las minas son su juguete. Para ellos esto es normal, no han conocido otra cosa, no han salido nunca de Potosí y rara vez se alejan de este espacio.
Oportunidades perdidas pienso yo. La situación me entristece; para ellos esta realidad es su vida. Las miradas divergen y los caminos no coinciden.
Estas vetas están casi agotadas, es difícil seguir extrayendo de ellas, por eso se las vendieron a los mineros. No quiero presentar juicios, porque no poseo respuestas, pero la mina es celosa, no permite que te alejes mucho. Si quieres obtener algo de ella necesitas atenderla, cuidarla, prestarle atención, recorrer muchos de sus caminos, y cual amante distante, tal vez te conceda de vez en cuando resultados, algún aliciente para mantenerte atado y regreses otra vez.
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