jueves, 20 de marzo de 2008

Bogotá, Ciudad de Guerreros.

Bogotá me pareció una ciudad hermosa. Tenía grandes expectativas sobre ella, pues había escuchado muchas cosas, tanto buenas como malas, como de cualquier gran urbe. Estaba emocionada por conocerla y lo que me depararía el destino en ella. Antes de llegar, un amigo me dijo que el mayor peligro al conocerla era no querer dejarla, y creo que esta frase describe bastante bien el sentimiento que produce estar en Bogotá.

Mi primera impresión fue lo cuidada que está. El largo trayecto que cruza del aeropuerto al centro muestra sobresalientes aspectos de este sitio. Uno recorre la zona habitacional del norte, que es conocida por ser bonita y tranquila, cercana a varias de las zonas rosas (o barrios donde uno puede salir ya sea a cenar o de rumba). Después el Centro Internacional, lleno de oficinas y grandes edificios, para finalmente entrar a la Candelaria que es conocida por ser sede del barrio bohemio de la ciudad. Este barrio sería nuestro hogar durante los cinco días que pasaríamos ahí.

La personalidad de Bogotá es muy particular. Me parece que se caracteriza por ser muy joven en sus ánimos y en su estilo de vida. Para describirla se necesitan términos como “dinámica”, “colorida”, “contrastante”, “en evolución constante”, “viva”, pues su ritmo no se detiene. Me sorprendió mucho esto, pues al caminar por sus calles uno no puede evitar ver los numerosos recordatorios de tragedias que han matizado la historia de esta urbe. Tal vez una de las marcas que más me sorprendió fue una placa conmemorativa del asesinato de Rafael Uribe, muerto a hachazos en el centro de la ciudad. Pero en realidad, historias como ésta hay muchas. Bogotá no puede negar que tiene una historia de violencia contra la cual ha luchado y parece que va ganando.

Va ganando una batalla al ir recuperando las zonas que se consideraban perdidas. Barrios conocidos como hogar de delincuentes se han vuelto a tomar y muchos de los indigentes que poblaban las calles han encontrado empleos gracias a un programa gubernamental conocido como Misión Bogotá. Pero no son sólo las instituciones las que han participado en esta recuperación. Si no fuera por las personas que la habitan y la nutren con su energía, no importarían todos los planes que el gobierno tuviera para ellos, la ciudad no caminaría.

Son las personas las que día a día se levantan y ven la ciudad con nuevos ojos. Quienes al circular por ella le dan vida y quienes finalmente la han rejuvenecido poco a poco. Son los que estudian ahí, son las personas que asisten a los festivales de teatro y espectáculos en la calle, es la gente que toma sus cafés y lee quienes mantienen el calor de una metrópoli que podría ser muy fría.

Al hablar con las personas puede percibirse la alegría de estar vivo. Tal vez cuando uno vive bajo constante amenaza puede disfrutar mucho más los períodos de tranquilidad y las oportunidades de relajarse.

Bogotá me cautivó no sólo por su colorido, sino por su gran variedad de manifestaciones artísticas, no son sólo los grandes festivales de teatro, como del que nos tocó ser testigos, sino aquellas transmitidas por medio del grafiti, de los jóvenes, de la música. Siempre hay exposiciones de arte abiertas, varios de los museos son gratuitos y uno ve cómo los chavos entran libremente a observar lo que en ellas se muestra. Alguna vez esta ciudad ostentó el título de “la Atenas de América” y creo que poco a poco se acerca más a recuperarlo y volver a ser reconocida como tal.

Llamo a Bogotá una ciudad de guerreros, pues día a día sus habitantes la han construido y la han hecho más habitable. Aunque todavía no se ha llegado a una solución definitiva, la tranquilidad y la seguridad empiezan a llegar. Por medio de sus especialidades se siente cómo las personas se han apropiado de ella y la han hecho un entorno más acogedor, le han ganado espacio a los vacíos urbanos y han recuperado los lugares de convivencia. Los llamo guerreros, pues a pesar de todas las cicatrices que ostenta la urbe, no dan muestras de cansancio, no se detienen, al contrario, avanzan, crecen, mutan y caminan por sus calles con la vista en el futuro. Construyendo una metrópoli bella sobre la historia de sangre y violencia que un día los acosó.





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